Los medios musicales ‘alternativos’ en México: un periodismo de gustos

Hablar sobre periodismo musical en este país significa, al menos para el sector que se autodenomina “roquero” o “alternativo”, repetir hasta el cansancio un sin fin de excusas trilladas. Cualquier intento por llevar la discusión a un plano más objetivo es opacado por una constante apología a la mediocridad mediante frases como “uno hace lo que puede”, “es por la música”, “es casi un sacrificio”. Pregunto, ¿si hay tantos ‘peros’, por qué seguir en esto? Porque es más cómodo victimizarse que reflexionar sobre el por qué las cosas supuestamente no cambian.

Dicho periodismo “auténtico” defiende su autoridad para criticar todo y afirmar ridiculeces como que “no hay propuestas de calidad” (aunque convivan diariamente con ellas), ó que “nadie hace nada” (claro, excepto ellos). Si bien pareciera que las cosas están cambiando –gracias a diversos debates organizados por medios, foros, festivales, universidades y colectivos–, la realidad es que si no cambian las dinámicas de fondo, la apología seguirá: acompañada de su característica actitud masturbatoria, hipócrita y autocomplaciente donde el nepotismo y compadrazgo se suavizan bajo el argumento de que “chingarle” justifica todo.

Los involucrados sueñan con ser intocables, por eso ante cada cuestionamiento se defienden entre sí con frases que van desde un “denle chance, que ha hecho mucho” a “es que tiene derecho a escribir lo que sea”, apelando a una falsa libertad de expresión (o peor aún, a pseudo licencias poéticas). ¿Son respuestas válidas? No cuando se habla de periodismo, pues el uso de dichos argumentos en otra fuente –política, economía, arte, ciencia– sería no sólo ridículo, sino duramente criticado. Entonces, ¿por qué ocurre en el periodismo musical? Afortunadamente sólo ocurre en este sector que hace periodismo de gusto bajo la bandera de ser “musical”, por eso ante la crítica directa responde que “por comentarios así la escena no crece”. ¿No que mucho libertinaje? El problema radica en no saber distinguir entre crítica y criticonería. No se diga comprender el significado de “conflicto de intereses”.

Este periodismo posee muchas anécdotas, pero carece de conocimiento histórico y contextual de su fuente. No se trata de reproducir los criterios que aprendió viendo VH1 o MTV, sino de conocer y documentar los procesos detrás y, sobre todo, las características de la industria musical contemporánea. Por eso termina siendo meramente descriptivo: entrevistas y reseñas son su día a día, mientras que el reportaje, la investigación y la crítica (no gusto disfrazado de crítica) no tienen cabida… necesita llenar una edición más de su medio. Para colmo ofrece contenidos que aburren al lector, igual de subjetivos y tendenciosos como lo que se puede encontrar en cualquier blog personal o comentarios en redes sociales. Algunos justifican dicha situación con comentarios como “al público no le interesa”, “la gente no lee”, pero al contrario, se lee mucho en la red, y se consume cada vez más música. ¿Entonces? Ciertos espacios en Internet han hecho algo que este periodismo simplemente soñaba: hablarle al público y documentar lo que ocurre desde múltiples aristas. Mientras, los “profesionales” se quejan del público e insisten en hablarle desde el gusto para adoctrinarlo con “buena música”. Claro, “el problema son los lectores”.

Olivia Moreno Gamboa documenta que el periodismo musical en México existe al menos desde 1860, pero algunos hoy en día afirman que no existe, o que simplemente es malo. Esto es algo característico del periodismo musical “alternativo”, donde pareciera que algunos no se ven representados. ¿Por qué no? Porque esperan que se hable sólo de lo que les gusta (como si alguien leyera un periódico esperando que se hablara sólo de su político favorito). Ante tal planteamiento otros responden “pero no se puede ser tan rígido cuando se trata de música”. Claro. Pero entonces no es periodismo, es literatura de entretenimiento. Completamente válido, pero no hay que sentirse mal cuando los lectores no lo tomen en serio. Hablamos de egoísmo disfrazado de periodismo, gusto disfrazado de crítica. Este periodismo no quiere informar, su prioridad no es el lector, sino legitimarse como “conocedor”. Por eso supuestamente está en crisis, pero no por culpa de los lectores o las bandas, sino por esperar a que otro haga su labor mientras escribe sobre “lo que vale la pena promover”.

Su fuente no es la música. Rechaza trabajar con muchas escenas locales –Pop, Banda, Electrónica, Metal, Jazz, Sonideros– bajo el argumento de que “cubre lo que nadie más” (es decir, el mainstream internacional). Pero cuando se trata de un exponente de alguno de estos géneros desde otra latitud ahí si no importa, se vuelve “incluyente”. Por eso no es difícil encontrar a periodistas  con 10, 20, 30 o 40 años de trayectoria que afirman que “no pasa nada en México” o que “no hay escena”. Porque cuando su fuente es el gusto personal y lo que hacen los cuates –o alguna banda que quiere inflar–, sin duda la “escena” se desgasta tarde o temprano. Podrían algunos argumentar que su fuente es “internacional”. Perfecto, entonces habría que reconocerse como tal y aceptar que se quiere ser de nicho, que se tendrá un público reducido, que los lectores se irán tarde o temprano en busca de la fuente original o información más profunda, y que no se ofrece ningún contenido diferenciador.

Este periodismo reproduce lo que dictan otros medios internacionales. Es el equivalente a una repetidora radiofónica. Es un periodismo no sólo colonizado, sino inseguro, por lo que tiene que aclarar cada 5 minutos que “sí es auténtico”. Eso sí, es rentable, pero no para los que “se sacrifican haciéndolo”, sino para las disqueras y promotores internacionales. ¡Qué mejor que te hagan promoción gratis y que además piensen que su criterio los respalda! Por eso así como surgen infinidad de medios, desaparecen; pues siempre habrá alguien dispuesto a querer adoctrinar con “buena música”, cual adolescente en la secundaria. Son medios desechables. Mientras que los medios “poperos” son los que realmente se han profesionalizado y que buscan cubrir un mayor espectro musical; como ejemplo, las estaciones de radio especializadas en Norteño o Tropical dominan muy bien la historia y contexto de su fuente, mientras que los canales de televisión como Telehit, Bandamax o Ritmoson han diversificado sus contenidos y ampliado los estilos que incluyen en su programación. Algunos dirán “claro, quieren caer bien a todos”, pero se trata más bien de la sutil diferencia entre el periodismo de gusto (disfrazado de nicho) y aquel que comprende su contexto y devenir para crecer y construir públicos.

Por todo lo anterior me encanta que cuando alguien pregunta “¿qué pasa con el periodismo musical en México?” y que algunos respondan “nadie está haciendo nada”; pues en el fondo implican que ellos sí están haciendo algo, pero es culpa de “todos los demás” que las cosas “no cambien”. La respuesta es más sencilla: el periodismo musical “alternativo” se autolegitima constantemente y por eso subsiste –siempre en función de una industria más grande–, pero difícilmente crecerá si mantiene como fuente el gusto y el amiguismo. Lo ideal sería cubrir y documentar lo que pasa, no lo que deseáramos que pasara o lo que quisiéramos promover (habría que recordarlo cada vez que se critica a un periodista político “vendido”). Pero bueno. ¿Para qué? Bajo sus criterios “lo que ocurre” localmente no es relevante… “¡Ah! ¡Pero Dave Grohl tocó enyesado y Kanye West destrozó ‘Bohemian Rhapsody’ en Glastonbury!” Eso si es nota.

(Este texto fue publicado originalmente en el fanzine #4 de Coordenadas, el cual fue presentado el 27 de agosto en Discos Mono, Ciudad de México)

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